La evolución del mercado indica que los activos ilíquidos ofrecen diversificación y mejoran el perfil de rentabilidad ajustado al riesgo de una cartera. Históricamente, inversores institucionales, como fondos de pensiones, aseguradoras y fundaciones, han sido los principales beneficiarios de estas inversiones, ya que su política de inversión y horizonte temporal les permite aprovechar al máximo este tipo de estrategias.
Sin embargo, el atractivo de estos productos no se limita solo a los grandes inversores institucionales. Cada vez más, los family offices y los inversores particulares de alto patrimonio muestran un creciente interés por estos activos. “Incorporar activos ilíquidos puede reducir significativamente la volatilidad de una cartera, ya que están menos correlacionados con los mercados públicos. Actualmente, existe un mayor entendimiento de los beneficios que ofrecen, lo que se traduce en un creciente interés por incluirlos en las carteras”, señala Javier.
Estos activos también representan una alternativa interesante para los inversores particulares con alto patrimonio, “siempre que tengan una visión clara de su horizonte de inversión y una planificación adecuada de tesorería. No se trata tanto del tamaño del patrimonio, sino de la capacidad de mantener una estrategia disciplinada sin verse afectado por la falta de liquidez. Cuando se cumplen estos criterios, los activos ilíquidos pueden desempeñar un papel clave en la construcción de una cartera resiliente”, añade Alemán.
Incorporar activos ilíquidos contribuye, por lo tanto, a reducir la volatilidad de una cartera, especialmente si la estrategia se centra en segmentos de la economía alejados de los activos líquidos tradicionales, como las pequeñas y medianas empresas (lower mid-market). Además, su enfoque a largo plazo permite acceder a fuentes de rentabilidad diferenciadas y un potencial superior de creación de valor, mejorando el perfil riesgo/retorno de la cartera.
Dentro del universo de activos ilíquidos, existen productos que potencian aún más la diversificación, como los fondos de fondos. Históricamente han demostrado que es posible reducir el riesgo al invertir en una amplia cartera de empresas gestionadas por distintos equipos y distribuidas en diversas industrias, geografías y divisas, mientras se ofrecen retornos atractivos. Este tipo de estrategias no solo diversifican la cartera, sino que también permiten capturar oportunidades de crecimiento en contextos muy variados, aportando una mayor rentabilidad potencial a largo plazo.
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